Tengo miedo. Me estoy convirtiendo en esa persona que juré que nunca iba a ser. A veces me despierto en la mitad de la madrugada y me siento en la cama; creo que te estaba soñando con vos, pero durmiendo con otro, y espero no haber dicho tu nombre.
Tengo miedo de preguntarme si esto en realidad está pasando, esquivo el signo de interrogación, porque se la respuesta: claro que sí, claro que pasa y no en una realidad paralela, pasa cada mañana con el café, que no comparto con vos. Y en los sueños tus caricias se sienten muy reales...
El problema de todo esto es que en el fondo me gustan mucho mis errores, más cuando llegan con tus ojos, o con el tacto de tu piel. Me gusta la libertad de equivocarme, sobre todo cuando la equivocación llega con tu sonrisa.
17/6/2004
Y una imagen que lo ilustra:

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