sábado, 24 de enero de 2015

Desempacando



Siempre me quise mudar a wonderland. Tal vez porque tengo mariposas en la cabeza y pienso que la luna se puede comer a cucharadas. Porque a veces me enamoro del silencio. Porque me gusta abrir el paraguas y hacerlo girar, aunque no llueva, aunque me moje. Quería mudarme a un lugar en el cual poder sentir las tormentas de viento, pasar la mano por el agua y sentir cómo corre entre los dedos. Poder ser romántica, ciclotímica, impulsiva, creativa, neurótica, soñadora…


Te invito a pasar, a sentarte frente a la ventana en donde da el sol calentito… una sensación tan acogedora como pisar las hojas secas en otoño, como enterrar los pies en el pasto fresco, como la luz de las velas, el ruido de los grillos y el aroma del café recién preparado.

No van a faltar los besos sinceros, las fogatas, el olor a incienso, el francés de Karina, la nieve desde la ventana empañada, las tostadas con dulce de leche, el amarillo, el verde, el blanco, la magia…


La maleta era pequeña, algunas cosas no entraron. Dejé los dedos pegoteados con caramelo, las amistades por interés, el conformismo, las injusticias, la hipocresía, la soledad, las mentiras, el pelo erizado, las canciones lindas arruinadas, el tránsito, la traición, los contestadores, los teléfonos apagados, los mosquitos y las pantuflas extraviadas.


Bienvenido, estás invitado, avisame cuándo llegás… tengo que preparar café, comprar golosinas y sacar las mantas calentitas para hablar hasta tarde al costado de la estufa.



29/3/2009

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