viernes, 4 de diciembre de 2015

Improvisar para sobrevivir

Y ahí te ves un día: acorralada entre el miedo a fallar y el abismo, una caída que promete que todo va a estar bien, un abismo lleno de conocimientos ancestrales que sabés que tenés y que rompen con las construcciones sociales; con todo lo que te dijeron y leíste. Pero ¿Y si esas cosas que crees que forman parte de un conocimiento divino que llega a vos casi que mágicamente, que siempre estuvo ahí sólo que nunca lo habías sentido, también forma parte de una construcción?

Entonces en ese caso el abismo sería el vacío mismo; y en ese vacío, en esa caída libre, es que tenemos que improvisar unas alas, para al menos planear, para no estrellarnos contra una realidad que se va de nuestras manos.

jueves, 5 de marzo de 2015

Ansiedad

Arde la garganta, por las palabras que no salen (¿Qué palabras, qué es exactamente eso que quiero gritarle a todo el mundo?).

lunes, 23 de febrero de 2015

This is me


Esta tarde, llenando un formulario para algo que ya les contaré, me pidieron: "Describa su personalidad, tal como usted mismo se ve, con sus principales rasgos positivos y rasgos negativos".

¡Que temita describir la personalidad de uno! ¿no? Obviamente armé una descripción políticamente correcta de mi ser. Con algunas de mis cosas positivas, sin quedar agrandada, algunas mentiritas, y algunas cosas negativas... dos o tres, sin entrar en detalles para que no me manden a un psiquiátrico. 

Cuando terminé dije ¿cómo soy yo realmente? y por eso hoy, para el que caiga por acá y no le quede otra, esta soy yo:

- Me gusta levantarme tarde. Tarde como a las 11. Porque me gusta dormirme tarde, tarde como a las 3. Odio los despertadores y las tareas que hay que hacer por la mañana, y creo que llevo a mi hija por el mismo camino.

- Detesto perder el control: me gusta saber en dónde está la gente que quiero y qué es lo que vamos a hacer mañana, pasado y dentro de 1 mes. Sin embargo mi vida es un gran descontrol, y mi placard también, y nunca, pero nunca, se en dónde está el cargador del celular.

- Puteo mucho, especialmente cuando manejo o cuando alguien se mete en donde no le importa.

- También lloro mucho. Lloro mirando pelis, lloro porque al menos una vez al día me pego en el dedo chiquito del pie, lloro en la ducha cuando mi hija está tan insoportable que la daría contra las paredes pero no puedo porque la amo, lloro cuando no me entienden. Sin embargo en los momentos más tristes de mi vida (muerte de mi padre) y los más felices (nacimiento de mi hija, casamiento) no lloré, no, ni una lágrima.

-Me gusta organizar y hacer listas: de compras del super, de compras de ropa, de cosas para hacer. Por lo general no hago o compro ni el 10% de las cosas que pongo en las listas.

- Me doy contra las cosas. No se por qué. No voy a ir al médico por eso.

- Postergo, tiro y aflojo, propongo hacer algo y a último momento busco una excusa para no hacerlo.

- Soy distraída. Sorry si no te digo hola en la calle, probablemente estés a punto de darte contra mi y yo NO TE VI. Ah, y si nos vimos de 5 veces a menos entonces probablemente tampoco me acuerde de tu nombre.

- Soy celosa. De mi marido, de mi hija, mi madre, mis amigas y la lista sigue... muy celosa. Mejor que tampoco lo analicemos. 

-Parece que soy buena escuchando y dando consejos. Consejos que nunca sigo en mi vida.

- Amo comer y leer. Punto. 

-Amo defender lo que pienso, y me enojo muchísimo.

-Soy chusma, a más no poder.

En resumen: soy holgazana, desorganizada, neurótica, distraída, posesiva, altamente emocional, golosa, impaciente, turbulenta, curiosa, idealista... ¿Igual me quieren?

-Ah porque me faltó eso: me importa mucho lo que mis seres queridos piensen de mi; busco la aprobación. Aunque muchas veces los mande a cagar y siga siendo yo misma jaja.


sábado, 24 de enero de 2015

Desempacando



Siempre me quise mudar a wonderland. Tal vez porque tengo mariposas en la cabeza y pienso que la luna se puede comer a cucharadas. Porque a veces me enamoro del silencio. Porque me gusta abrir el paraguas y hacerlo girar, aunque no llueva, aunque me moje. Quería mudarme a un lugar en el cual poder sentir las tormentas de viento, pasar la mano por el agua y sentir cómo corre entre los dedos. Poder ser romántica, ciclotímica, impulsiva, creativa, neurótica, soñadora…


Te invito a pasar, a sentarte frente a la ventana en donde da el sol calentito… una sensación tan acogedora como pisar las hojas secas en otoño, como enterrar los pies en el pasto fresco, como la luz de las velas, el ruido de los grillos y el aroma del café recién preparado.

No van a faltar los besos sinceros, las fogatas, el olor a incienso, el francés de Karina, la nieve desde la ventana empañada, las tostadas con dulce de leche, el amarillo, el verde, el blanco, la magia…


La maleta era pequeña, algunas cosas no entraron. Dejé los dedos pegoteados con caramelo, las amistades por interés, el conformismo, las injusticias, la hipocresía, la soledad, las mentiras, el pelo erizado, las canciones lindas arruinadas, el tránsito, la traición, los contestadores, los teléfonos apagados, los mosquitos y las pantuflas extraviadas.


Bienvenido, estás invitado, avisame cuándo llegás… tengo que preparar café, comprar golosinas y sacar las mantas calentitas para hablar hasta tarde al costado de la estufa.



29/3/2009

viernes, 23 de enero de 2015

Calesita

Me dormí con "Don`t miss you at all" de Norah Jones... Tirada en la cama. Mi cuerpo había dejado de sentir, por fin.

Un rato antes el insomnio se había apoderado de mí. Ya había revisado todas las fotos de todos los álbumes que guardaba en polvorientas y resquebrajadas cajas de cartón , debajo de la cama. ya había girado sobre mí misma las mismas veces que la calesita de mi niñez me había llevado en círculos sin dejarme avanzar. Cuando en el día del niño íbamos al Parque Rodó.

Había repasado una y otra vez las tareas pendientes que me quedaban para resolver al otro día, y las de la otra semana. El estudios, los gastos, el perro, la vecina que espiaba desde la venta y que, cuando me iba, robaba flores de mi terraza.

Ya te había visto de nuevo sonriendo. El tono de tu voz ya no lo recuerdo se ha apagado, ya no suena. Es como una película muda. Pero no en blanco y negro. Cierro los ojos y me acuerdo de tus hoyuelos encarnados cuando sonreías y del negro de tus ojos. ¿Qué culpa tengo yo de recordar en color?

Sentí la boca seca mil veces. ¿Debería levantarme a tomar un vaso de agua? Mi vagancia y el miedo a la oscuridad seguro no me lo permitirían. Me imaginaba que al bajar los pies unas manos me arrastrarían debajo de la cama, hacia un lugar oscuro y terrorífico del cual solo me separaba un colchón.

Había vuelto a agarrar el bloc de notas, pero la lapicera no escribía a esa hora. "Ahora no", me decía. ¿Quién domina a quién? A veces siento que las ideas se me amontonan, que ni siquiera puedo apilarlas bien,  y que tengo que cerrar los ojos para agarrarlas con la mente. Pero ni así me duermo. Pero ni así estoy despierta.

Revisé la biblioteca, abrí de nuevo "El Club Dante", esperando que "Longfellow" descubriese de una vez por todas al asesino. Pero las páginas estaban pegadas... como las sábanas sobre mi cuerpo.

Fantaseaba con el momento en que llegaba al trabajo, y daba la mejor excusa por mi cara de cansancio, ojeras y mal humor. En el fondo a todos nos gusta inventar historias, pero a ninguno nos gusta admitir verdades.

Conseguí estirar el brazo (mi vagancia me dejó ese margen), y alcanzar los botones del equipo de música. No tenía idea de qué CD estaba puesto.

Cerré los ojos.
Me dormí con "Don`t miss you at all" de Norah Jones...

jueves, 22 de enero de 2015

Oda al pan rallado

No puedo comer milanesas sin antes encontrarle la forma. La que más se repite es la de Uruguay. El tiempo que me lleva el descubrimiento es directamente proporcional al nivel de hambre. A menos hambre menos imaginación. Tal vez por una razón similar los sabios, los inventores y los artistas son muchas veces pobres. Y cuando inventan o crean puede que tengan hambre. Puede que no.

Cuando mi madre era chica comía milanesas solamente los sábados a mediodía. Cuando se casó con mi padre dijo que iba a comerlas todos los días, a toda hora. Milanesas para el desayuno y la merienda, picada chiquita con el mate. Milanesas con papas al mediodía, con arroz por la noche, con remolacha, con papas fritas, con puré...

Así que desde chiquita, como quien se sienta en el pasto a ver la forma de las nubes, yo me sentaba a ver cómo por mi plato pasaban corazones, conejos, caras, las orejas de Mickey... y milanesas, que me devoraba con mayonesa y pasión.

No puedo identificar el día en que los cachorros y los árboles dejaron de visitar mi mesa. No se si perdí la capacidad de asombro o si fue por mis instintos carnívoros que nublaron ese lugarcito entre el corazón y la panza que alberga el amor por los platos preparados por mamá que comemos en la infancia. Lo que sí se es que muchas veces, camino a casa, no puedo mirar por la ventana del auto sin pensar que las nubes tienen forma de milanesa. Y claro, me da hambre. Pero no es una mala reacción, puede que hasta se me de por inventar alguna cosa.


(Agosto de 2005)


miércoles, 21 de enero de 2015

Mi error preferido

Tengo miedo. Me estoy convirtiendo en esa persona que juré que nunca iba a ser. A veces me despierto en la mitad de la madrugada y me siento en la cama; creo que te estaba soñando con vos, pero durmiendo con otro, y espero no haber dicho tu nombre.

Tengo miedo de preguntarme si esto en realidad está pasando, esquivo el signo de interrogación, porque se la respuesta: claro que sí, claro que pasa y no en una realidad paralela, pasa cada mañana con el café, que no comparto con vos. Y en los sueños tus caricias se sienten muy reales...

El problema de todo esto es que en el fondo me gustan mucho mis errores, más cuando llegan con tus ojos, o con el tacto de tu piel. Me gusta la libertad de equivocarme, sobre todo cuando la equivocación llega con tu sonrisa.

17/6/2004


Y una imagen que lo ilustra: